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En Lugar de Libros les Prometió el Espíritu Santo, De Maistre


Extracto del Ensayo sobre el Principio Generador de las Constituciones Políticas de 1833.

Las Santas Escrituras... nunca hubo una idea más vacía que la de ir a buscar allí los dogmas cristianos: no hay una sola línea en estos escritos que declare, que deje solamente apercibir el proyecto de hacer un código o una declaración dogmática de todos los artículos de fe. […]

Nunca la iglesia ha tratado de escribir sus dogmas; siempre se la ha forzado a ello. La fe, si la sofística oposición no la hubiese forzado nunca a escribir, sería mil veces más angélica: llora sobre estas decisiones que la sublevación le arranca y que siempre fueron aflicciones. El estado de guerra elevó estos venerables muros alrededor de la verdad: sin duda la defienden, pero la ocultan. [...]

Cristo no dejó un solo escrito a sus Apóstoles. En lugar de libros les prometió el Espíritu Santo. Es él, les dijo, quien os inspirará sobre lo que tenéis que decir.

Todo Es Misterio en los Dos Testamentos, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

Todo es misterio en los dos Testamentos, y los elegidos de una y otra ley no eran otra cosa que verdaderos iniciados. Hay pues que interrogar a esta venerable Antigüedad y preguntarle cómo entiende las alegorías sagradas. ¿Quién puede dudar que este tipo de investigaciones nos pueden proporcionar las armas victoriosas para luchar contra los escritores modernos que se obstinan en ver solamente en las Escrituras su sentido literal? 

Estos escritores, son refutados fácilmente por la expresión Misterios de la Religión que nosotros empleamos todos los días sin entrar en su sentido. La palabra misterio en un principio no significaba otra cosa que la verdad velada bajo tipos por aquellos que la poseen. Fue solamente por extensión y, por así decirlo, por corrupción, por lo que se aplicó luego esta expresión a todo lo que está escondido[...] 

Testimonio de peso es el del más sabio y más ilustre de los rabinos, el famoso Maimónides, de sobrenombre Moses Aegyptiacus. “No os dejéis seducir - nos dice - por todo lo que los Sabios cuentan sobre el primer hombre, sobre la Serpiente, acerca del Árbol de la Ciencia del bien y del mal, sobre las vestimentas que todavía no se usaban, y no penséis que esos objetos hubieran existido realmente de esa manera. Jamás estuvieron en la naturaleza de las cosas. Si prestáis atención os daréis cuenta de la falsedad de todo lo que ellos dicen al respecto, y que no han imaginado sino después de haber tenido conocimiento de nuestra ley y de la historia de la creación; ya que lo tomaron en sentido literal y forjaron estas fábulas... No se debe tomar al pie de la letra, como lo hace el vulgo, lo que está contenido en el Bereshit [Génesis] o historia de la creación. Sin esto, los sabios no lo hubieran envuelto de tantas parábolas, con tanto cuidado, y no hubieran estado tan atentos para impedir que se hablara de esto al populacho ignorante. Ya que al tomarlo en sentido literal, lo resultante son los prejuicios que degradan la naturaleza divina y trastocan los fundamentos de la ley que hacen nacer las herejías”.

Este Espíritu que sopla donde quiere, como quiere y cuando quiere., De Maistre



Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

Finalmente, henos aquí llegados al tercer grado [se refiere a la Clase Secreta de los Grandes Profesos] que tiene por objeto el Cristianismo Trascendente. Parece oportuno que la mayor parte de Hermanos a los que sus luces y talentos los hayan hecho dignos en el segundo grado [se refiere a la Orden Interior de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa], pasen infaliblemente al tercero, porque todo hombre instruido hacia la creencia cristiana estará necesariamente encantado por encontrar la solución a diferentes penosas dificultades en los conocimientos que poseemos.

Los Hermanos admitidos en la clase superior tendrán por objeto de sus estudios y reflexiones más profundas las investigaciones de hecho y los conocimientos metafísicos. No es éste lugar para examinar hasta qué punto se puede establecer por el simple razonamiento la verdad de la doctrina que profesamos. [...]


¡Qué vasto campo abierto al cuidado y perseverancia de los Grandes Profesos...! Que unos se sumerjan con valor en los estudios que puedan multiplicar nuestros libros y aclarar aquellos que poseemos. Que otros, cuyo genio es dado a las contemplaciones metafísicas, busquen en la misma naturaleza las pruebas de nuestra doctrina. Que finalmente otros ¡y quiera Dios que haya muchos! nos digan lo que han aprendido de este Espíritu que sopla donde quiere, como quiere y cuando quiere.

Habrá que Conseguir que los Cristianos Modernos se Vean Reunidos, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

¿No sería digno de nosotros, Monseñor, proponer el avance del Cristianismo como uno de los objetivos de nuestra Orden? Este proyecto tendría dos partes, ya que es preciso que cada comunión trabaje por sí misma y trabaje por acercarse a las demás.

Sin duda que esta empresa parecerá quimérica a muchos Hermanos: pero ¿por qué no intentamos nosotros lo que dos teólogos intentaron en el siglo pasado con alguna esperanza de éxito? El momento es mucho más favorable, ya que los sistemas emponzoñados de nuestro siglo al menos han producido de bueno que los espíritus, poco más o menos indiferentes sobre la controversia, puedan aproximarse sin enfrentarse. [...]

Ruego encarecidamente a Vuestra Alteza Serenísima, observar que esta reunión jamás tendrá lugar si se trata públicamente. La religión ya no debe ser considerada en nuestros días como una pieza de la política de cada Estado, y esta política ¡es de un temperamento tan irritable! Cuando se la toca con la punta de los dedos, se convulsiona. El orgullo teológico hará nacer nuevos obstáculos de tal forma que esta gran tentativa solo puede prepararse secretamente. Hay que establecer comités de correspondencia compuestos sobre todo por clérigos de las diferentes comuniones que habremos agregado e iniciado. Trabajaremos lentamente pero con seguridad. No emprenderemos ninguna conquista que no sea apropiada para perfeccionar la Gran Obra. Habrá que guardarse muy bien de encender la mecha antes de estar seguros del efecto: y como, siguiendo la expresión enérgica de un antiguo Padre, el universo fue en otro tiempo sorprendido por encontrarse arriano, habrá que conseguir que los cristianos modernos se encuentren sorprendidos de verse reunidos.

No es dudoso que la obra deba comenzar por los católicos y los luteranos de Augsburgo, cuyos símbolos no difieren prodigiosamente.

El Gran Objetivo de la Masonería es la Ciencia del Hombre, De Maistre




Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

No es dudoso, como ya hemos señalado, que el gran objetivo de la Masonería sea la Ciencia del Hombre. Pero, como no sabríamos tomar suficientes precauciones a fin de prevenir, por medio de la elección y el examen de las personas, la degradación de la iniciación masónica, es necesario dar a nuestra sociedad objetivos secundarios que puedan ocupar a hombres de diferentes caracteres y así poder ver sus aptitudes. [...]

La Orden se convertirá en una de las instituciones más útiles a la humanidad si, estando toda la Masonería dividida en tres grados [no se refiere a los tres grados simbólicos, sino a las tres Clases de la Orden, la Masonería simbólica, la Orden Interior de ls Caballeros Bienhechores de laCiudad Santa y la Clase Secreta de los Grandes Profesos], el primero tiene por objetivo los actos de beneficencia, en general, el estudio de la moral y la política general y particular; el segundo la reunión de las sectas cristianas y la instrucción de los gobiernos; el tercero la revelación de la Revelación o de los conocimientos sublimes de los que nos ocupamos.

La Tierra se ha Divorciado del Cielo, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

El otro propósito del segundo grado o de la segunda clase [se refiere a la Orden Interior de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa] en el sistema propuesto sería la reunión de las diferentes sectas cristianas.

Sería tiempo, Monseñor, de borrar las vergüenza de Europa y del espíritu humano. ¿De qué nos sirve poseer una religión divina, cuando hemos desgarrado el vestido sin costuras y cuando los adoradores de Cristo, divididos por la interpretación de su ley santa, se han dejado llevar por excesos que harían ruborizar a los pueblos de Asia?

El mahometismo sólo conoce dos sectas; el cristianismo tiene treinta y, como si estuviéramos destinados a deshonorarnos a turnos por los excesos opuestos, después de habernos degollado con nuestros dogmas, hemos caído en todo lo referente a la religión en una indiferencia estúpida que llamamos tolerancia.

El género humano está envilecido. La tierra se ha divorciado del cielo. Nuestros supuestos sabios, ridículamente orgullosos de algunos infantiles descubrimientos, disertan sobre el aire fijo, volatizan el diamante, enseñan a las plantas cuánto deben durar, se pasman ante una pequeña petrificación o sobre la trompa de un insecto... Pero se guardan bien de preguntarse, aunque sea una sola vez en su vida, que es lo que son y cuál es su lugar en el universo.

O curvoe ad terras animoe et coelestium inanes!

( ¡Oh almas inclinadas hacia la tierra y despreocupadas de las cosas celestes!)

Todo es importante para ellos salvo la única cosa importante. Llevados por un fanatismo mil veces más condenable que aquel contra el que no paran de gritar, golpean indistintamente sobre la verdad y sobre el error, y sólo saben atacar la superstición por medio del escepticismo.

¡Imprudentes! que se creen llamados a escardar el campo de las opiniones humanas y arrancar el trigo por miedo a que la cizaña se les escape. Han curado nuestros prejuicios, dicen... Sí, como la gangrena cura los dolores.

El libro que tocáis es el Evangelio de San Juan: ¿creéis en él?, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

Otro abuso, no menos sorprendente, es el que se comete respecto a la religión del candidato. Cuando éste está de rodillas y a punto de prestar su juramento, se le dice: “El libro que tocáis es el Evangelio de San Juan: ¿creéis en él?”

¡Qué imprudencia! Henos ahí un joven que no tiene la menor idea del verdadero objetivo de la Masonería, que quizás, ni tan siquiera cree en Dios, suposición no muy arriesgada en este siglo, y vamos y le pedimos bruscamente en medio de cuarenta personas si cree en el Evangelio.

Reflexionemos bien, y veremos que tal pregunta es de una ligereza imperdonable, y que la respuesta que le sigue es muy a menudo un crimen. Sin duda alguna, es importante asegurarse de los sentimientos religiosos del candidato, pero a ese respecto, hay que ir entre el rigor y el relajamiento.

Será suficiente con declarar simplemente al candidato que nos imponemos como ley el exigir en la elección de las personas la más escrupulosa severidad y que apenas tenemos en cuenta la probidad personal que no tenga base. Invitándole a continuación a que vea si tiene algún inconveniente en firmar la profesión de fe siguiente:

“Respondo por mi honor que creo firmemente en la existencia de Dios, la espiritualidad, la inmortalidad del alma, las penas y recompensas de la vida futura, sin exclusión de otras verdades de mi religión sobre las cuales no he sido preguntado”.

Parece que no necesitamos más, al demostrar el candidato un espíritu recto y un corazón resuelto. Si desgraciadamente duda de alguno de nuestros dogmas, es mejor curar sus heridas en lugar de rechazarlo.

Sobre la Aplomación de los Candidatos, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

Nos presentaron para el primer grado a un particular, súbdito del Rey, pero habitante de otra villa: estimamos a sus proponentes; no habiendo nada en su contra y ateniéndonos al código, fue recibido sin dificultad. Sin embargo, y para no apartarnos de una norma invariablemente adoptada, escribimos a su patria chica resultando que de allí fue rechazado, casi por así decirlo, por aclamación. 

En general, sólo escogemos hombres de quien nos hemos informado sobre sus costumbres por todos los medios posibles. Resulta consuelo de tontos pensar, cuando se ha hecho una mala elección, que podemos retrasar a ese individuo en su carrera masónica o incluso excluirlo de la Orden, puesto que siempre es lamentable la aplicación de medios violentos; y en cuanto a las suspensiones, el público, poco al corriente al hecho de nuestra jerarquía, nos juzga severamente.

 Nadie ignora, por otro lado, que la Sociedad rebosa de estos caracteres dudosos, bastante malos para perjudicar a la Orden en opinión de los hombres, sin serlo lo suficiente como para motivar su exclusión.

¿De qué sirve un caballero creado a la luz de las velas?, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

Proscribir absolutamente en la nueva formación todo lo que tenga que ver con la caballería. Esta especie de instituciones son excelentes, pero hay que dejarlas en su lugar. La nobleza es una de esas plantas que no puede vivir si no es al aire libre.

¿De qué sirve un caballero creado a la luz de las velas en el fondo de un apartamento, cuya dignidad se disipa cuando se abre la puerta? En general, desearía vivamente ver desaparecer todas las palabras que no signifiquen hechos.

¿Debemos dejar subsistir alguna cosa de la Orden de los Templarios?, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad.

¿Debemos dejar subsistir alguna cosa de la Orden de los Templarios? Aunque no ignoramos que, sobre esta cuestión, varios hermanos se han pronunciado afirmativamente, parece, sin embargo, si ello no les incomoda en gran manera, que multitud de consideraciones deben llevarnos a la opinión contraria. [...]

La idea de un monje soldado no podía nacer más que de una cabeza del siglo XII. Pero que en el siglo XVIII exista una sociedad que tenga como objetivo principal celebrar las desgracias de una de esas fraternidades guerreras, y que se honre pertenecer a ella por una filiación más que sospechosa, es lo que puede parecer un poco singular.

Hablemos solamente de la Orden de los Templarios, ¿por qué razón merecen la consideración del género humano? Protegían, se dice, a los cristianos que su piedad conducía al Santo Sepulcro. Pues bien, todos esos cristianos hubieran hecho mejor rogando a Dios en sus parroquias. Es a ellos a quien se debería decir:

Est-ne Dei sedes nisi Terra et Pontus et Aer? Et coelum et Virtus? Numen quid quoeritis ultra?

(¿Acaso Dios tiene otra sede que la Tierra, el Mar, el Aire, el Cielo y la Virtud? ¿Por qué buscáis en otra parte la divinidad?) [...].

Todo nos invita a romper completamente con la Orden de los Templarios. Todos los cambios proyectados nos muestran esa necesidad. Nos preguntamos si no es un escarnio renunciar a los bienes, a la regla, al nombre e incluso al hábito de la Orden, y sin embargo obstinarse en querer ser un Templario.

La Rama Corrompida de un Tronco Respetable, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad

Ciertamente, la Orden no pudo haber comenzado por lo que vemos ahora. Todo indica que la Francmasonería vulgar es una rama desprendida, y posiblemente corrompida, de un tronco antiguo y respetable. (...)

Los más sabios Hermanos de nuestro Régimen piensan que hay serios motivos para creer que la verdadera Masonería no es sino la Ciencia del Hombre por excelencia, es decir, el conocimiento de su origen y destino. Algunos añaden que tal Ciencia no difiere esencialmente de la antigua iniciación griega o egipcia. (...) En todos los pueblos hay restos de la Tradición primitiva. (...) La verdadera religión tiene mucho más que dieciocho siglos: nació el día en que nacieron los días.

Un Proyecto para el Rectificado, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad en el que De Maistre detalla su plan para las tres clases del Rito Escocés Rectificado.

La práctica de la beneficencia (...) debe ser el objetivo aparente de toda la Orden. (...) No sólo se formará el corazón del Masón en el primer grado, sino que se esclarecerá su espíritu aplicándolo al estudio de la moral y de la política, que es la moral de los Estados. En las logias se discutirá sobre cuestiones interesantes relativas a estas dos ciencias, e incluso se exigirá que cada Hermano presente su opinión por escrito... Pero el gran objetivo de los Hermanos será sobre todo el de procurarse un conocimiento profundo de su patria, de lo que la misma posee y de lo que le falta, de las causas de la zozobra y de los medios de regeneración. (...)

La segunda clase de la Masonería debería tener como finalidad, según el sistema propuesto, la instrucción de los gobiernos y la reunión de todas las sectas cristianas. (...) 

Deberán ocuparse infatigablemente por eliminar los obstáculos de todo tipo, interpuestos por las pasiones, entre la verdad y la audición de la autoridad... Los límites del Estado no podrían limitar esta segunda actividad, y los Hermanos de las diferentes naciones podrían algunas veces, por un fervoroso acuerdo, lograr los mayores bienes. (...) 

¿No sería acaso digno de nosotros proponernos el auge del Cristianismo como uno de los objetivos de nuestra Orden? Tal proyecto constaría de dos partes, puesto que es necesario que cada comunión trabaje para sí y para aproximarse a las demás... Deberán establecerse comités de correspondencia compuestos especialmente por clérigos de diferentes comuniones a los que habremos captado e iniciado. Trabajaremos de forma lenta pero segura. No emprenderemos ninguna conquista que no sea apropiada para perfeccionar la Gran Obra... Todo lo que pueda contribuir al progreso de la religión, a la extirpación de las opiniones peligrosas, en una palabra, a elevar el trono de la verdad sobre las ruinas de la superstición y del pirronismo, será de la incumbencia de dicha clase. (...)

Los hermanos admitidos en la clase superior tendrán como objetivo de sus estudios y sus reflexiones más profundas la investigación de los hechos y los conocimientos metafísicos... Todo es misterio en los dos Testamentos, y los elegidos de una y otra ley no fueron sino verdaderos iniciados. Es necesario entonces interrogar a esta venerable Antigüedad, y preguntarle cómo entendía las alegorías sagradas. ¿Quién puede ignorar que esta especie de investigaciones nos proporcionarán armas victoriosas contra los escritores modernos que se obstinan en no ver más que el sentido literal de las Escrituras?  Ellos ya quedan desautorizados por la expresión Misterios de la Religión, expresión que usamos diariamente sin siquiera comprender el sentido. La palabra misterio no significaba en principio sino una verdad oculta bajo ciertas figuraciones con las que las revistieron aquellos que las poseían. (...)

¡Cuán vasto es el panorama que se abre al celo y a la perseverancia de los G.P!

Mi Brazo es Suyo, mi Voluntad es Mía, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad

Cuidémonos especialmente de no suprimir el juramento como lo han propuesto algunos, quizá basados en buenas razones, que sin embargo no podemos comprender. Razonaron muy mal los teólogos que quisieron probar que nuestro juramento es ilícito.

Es verdad que sólo la autoridad civil puede ordenar y recibir el juramento en los diferentes actos de la sociedad; pero no puede negarse a un ser inteligente el derecho de certificar con un juramento una determinación interior de su libre arbitrio. El soberano no tiene imperio más que sobre los actos. Mi brazo es suyo, mi voluntad es mía.

En Logia Razonarán Sabiamente, De Maistre


Fragmento del memorial dirigido en 1782 al duque de Brunswick con ocasión del Convento de Wilhelmsbad

Treinta o cuarenta personas, silenciosamente alineadas a lo largo de las paredes de una cámara tapizada de negro o de verde, diferenciadas asimismo por singular ropaje y no hablando sino con permiso, razonarán sabiamente sobre cualquier objeto que se les proponga.

Quitad las colgaduras y los hábitos, apagad de nuevo la vela, permitid sólo que se desplacen de los asientos: veréis a esos mismos hombres precipitarse unos sobre otros, dejar de entenderse, hablar de la actualidad y de las mujeres, y el más razonable de toda la sociedad se inmiscuirá en ello aún antes de poder reflexionar en que su actitud es igual a la de los demás...

Haced sitio al Rey Cristianísimo, Maistre


Fragmento de Consideraciones sobre Francia, la principal obra política de Joseph de Maistre crítico, como otros masones de su época, con las causas y los efectos de la Revolución francesa, que es presentada como un castigo de Dios.

Todas las naciones, se dice, han tomado el cobre por el oro. Muy bien: pero, ¿este cobre ha sido echado en el crisol europeo, y sometido durante dieciocho siglos a nuestra química observadora?, si ha sufrido esta prueba, ¿ha salido de ella con honor? Newton creía en la encarnación, pero Platón, pienso yo, creía poco en el nacimiento maravilloso de Baco.

El cristianismo ha sido predicado por ignorantes y creído por sabios; es esto en lo que no se parece a nada conocido. Además, ha salido con éxito de todas las pruebas. (...)  Ha resistido a todo, a la paz, a la guerra, a los cadalsos, a los triunfos, a los puñales, a las delicias, al orgullo, a la humillación, a la pobreza, a la opulencia, a la noche de la Edad Media, y al gran día de los siglos.

(...) Habiendo roído la filosofía el cemento que unía a los hombres, ya no hay agregaciones morales. La autoridad civil, favoreciendo con todas sus formas el derrocamiento del sistema antiguo, da a los enemigos del cristianismo todo el apoyo que ella le concedía en otro tiempo; el espíritu humano toma todas las formas imaginables para combatir la antigua religión nacional. Esos esfuerzos son aplaudidos y pagados, y los esfuerzos contrarios son crímenes. No tenéis ya nada que temer del encantamiento de los ojos, que son siempre los primeros engañados; un pomposo aparato, de vanas ceremonias, no se impone ya a los hombres ante los cuales se representa de todo desde hace siete años. Los altares están derribados; se han paseado por las calles animales inmundos revestidos de pontífices; los vasos sagrados han servido para abominables orgías; y sobre los altares que la fe antigua rodea de querubines deslumbrados se ha hecho subir a las prostitutas desnudas. El filosofismo no tiene pues ya de qué quejarse; todos los tantos los tiene en su favor; se hace todo para él y todo contra su rival. 

(...) Pero si el cristianismo sale de esta prueba terrible más puro y vigoroso, si el Hércules cristiano, fuerte con su sola fuerza, suspende en alto al hijo de la tierra y lo ahoga entre sus brazos, patuit deus. ¡Franceses, haced sitio al Rey cristianísimo, llevadlo vosotros mismos sobre el trono antiguo; izad su oriflama, y que su oro, viajando de un polo a otro, lleve por todas partes la divisa triunfal!: Cristo impera, Cristo reina, el es el vencedor.

Consideraciones sobre Francia, Maistre


Así comienzan Consideraciones sobre Francia, la principal obra política de Joseph de Maistre crítico, como otros masones de su época, con las causas y los efectos de la Revolución francesa, que es presentada como un castigo de Dios. En la imagen, el Desembarco de Quiberon de 1795, llevado a cabo por emigrantes contrarrevolucionarios.

Estamos todos vinculados al trono del Ser supremo por una cadena flexible, que nos retiene sin sojuzgarnos. Lo que hay de más admirable en el orden universal de las cosas es la acción de los seres libres bajo la mano divina. Libremente esclavos, operan a la vez voluntaria y necesariamente: hacen realmente lo que quieren, pero sin poder perturbar los planes generales. Cada uno de estos seres ocupa el centro de una esfera de actividad, cuyo diámetro varía según el arbitrio del eterno geómetra, que sabe extender, restringir, detener o dirigir la voluntad, sin alterar su naturaleza.

En las obras del hombre, todo es pobre como el autor; los planes son restringidos, los medios rígidos, los mecanismos inflexibles, los movimientos penosos, y los resultados monótonos. En las obras divinas, las riquezas de lo infinito se desvelan hasta en el menor elemento; su potencia opera actuándose: en sus manos todo es flexible, nada se le resiste; para ella todo es medio, incluso el obstáculo: y las irregularidades producidas por la operación de los agentes libres vienen a alinearse en el orden general.

Si se imagina un reloj del cual todos los mecanismos variasen continuamente de fuerza, de peso, de dimensión, de forma y de posición, y que señalasen sin embargo la hora invariablemente, se tendrá una idea de la acción de los seres libres en orden a los planes del Creador.

En el mundo político y moral, como en el mundo físico, hay un orden común, y hay excepciones a este orden. Comúnmente vemos una serie de efectos producidos por las mismas causas; pero en ciertas épocas vemos acciones suspendidas, causas paralizadas y efectos nuevos.

El milagro es un efecto producido por una causa divina y sobrehumana, que suspende o contradice una causa ordinaria. Que en el corazón del invierno un hombre ordene a un árbol, ante mil testigos, que se cubra súbitamente de hojas y frutos, y que el árbol obedezca, todo el mundo gritará milagro, y se inclinará ante el taumaturgo. Pero la Revolución francesa, y todo lo que sucede en Europa en este momento, es tan maravilloso, en su género, como la fructificación instantánea de un árbol en el mes de enero: sin embargo los hombres, en lugar de admirar, miran a otro lado o disparatan.

En el orden físico, en que el hombre no entra como causa, se aviene a admirar lo que no comprende; pero en la esfera de su actividad, en que siente que es causa libre, su orgullo le lleva fácilmente a ver el desorden doquiera que su acción sea suspendida o perturbada.

Ciertas medidas que están en el poder del hombre producen regularmente ciertos efectos en el curso ordinario de las cosas; si él falla su objetivo, sabe por qué, o cree saberlo; conoce los obstáculos, los pondera, y nada le asombra.

Pero en los tiempos de revoluciones la cadena que liga al hombre se acorta bruscamente, su acción disminuye, y sus medios le engañan. Entonces, arrastrado por una fuerza desconocida, se revela contra ella y, en lugar de besar la mano que le sujeta, la desconoce o la insulta.

No comprendo nada, es la gran palabra del día. Esta palabra es muy sensata, si nos vuelve a la causa primera que da en este momento un tan gran espectáculo a los hombres. Es una estupidez, si no expresa más que un despecho o un abatimiento estéril.

(...) Se ha observado, con gran razón, que la Revolución francesa lleva a los hombres más de lo que los hombres la llevan a ella. Esta observación es de la mayor exactitud; y, aunque se pueda aplicar más o menos a todas las grandes revoluciones, sin embargo nunca ha sido más relevante que en esta época.

(...) A menudo uno se asombra de que hombres más que mediocres hayan juzgado mejor la Revolución francesa que hombres de gran talento; que hayan creído firmemente , cuando políticos consumados no creían en ella todavía. Es que esta persuasión era una de las piezas de la revolución, que no podía triunfar más que por la extensión y la energía del espíritu revolucionario, o, si es permitido expresarse así, por la fe en la revolución. Así, hombres sin genio y sin conocimiento han conducido muy bien lo que ellos llamaban el carro revolucionario; han osado todo sin temor a la contrarrevolución; han caminado siempre hacia delante, sin mirar atrás; y todo les ha ido bien, porque no eran sino los instrumentos de una fuerza que sabía más que ellos. 

(...) En fin, cuanto más se examinan los personajes en apariencia más activos de la revolución, tanto más se encuentra en ellos algo de pasivo y de mecánico. Nunca se repetirá demasiado que no son los hombres los que llevan la revolución, es la revolución la que emplea a los hombres. Se dice muy bien cuando se dice que ella va completamente sola. Esta frase significa que nunca la Divinidad se había mostrado de una manera tan clara en ningún acontecimiento humano. Si emplea los instrumentos más viles es porque castiga para regenerar.