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Un Nuevo Evangelio Eterno, Lessing



 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Llegará ese tiempo de cierto, el tiempo de un nuevo Evangelio eterno, que se nos promete a nosotros en los libros elementales del Nuevo Testamento.

Algunos fanáticos de los siglos XIII y XIV tal vez captaron una ráfaga de ese nuevo Evangelio eterno y se equivocaron solamente al anunciar tan próxima su irrupción. Quizá no fuera una ocurrencia vana su tercera edad del mundo, y ciertamente no tenían ningún mal propósito cuando enseñaban que la Nueva Alianza quedaría anticuada igual que lo quedó el Antiguo Testamento. [...]

Sólo que lo precipitaron, sólo que creyeron poder convertir de golpe a sus contemporáneos, salidos apenas de la niñez, sin ilustración ni preparación, en varones dignos de esa tercera edad.

Y eso es lo que los convertía en fanáticos. El fanático obtiene a menudo muy justas visiones del futuro, pero es incapaz de esperar ese futuro. Desea su pronta llegada y ser él mismo quien lo adelante. Lo que cuesta a la Naturaleza mil años ha de cumplirse en el instante de la existencia del fanático. Pues, ¿qué va a tener él de eso, si lo que considera lo mejor no se convierte ya en lo mejor durante el tiempo de su vida? ¿Volverá él? ¿Cree él que volverá? -¡Qué extraño! ¡Sólo entre los fanáticos no se pone de moda este fanatismo!

El Hombre Hará el Bien Porque es el Bien, Lessing



 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Con ese egoísmo propio del corazón humano que tampoco quiere dar a la inteligencia otro empleo que el referente a las humanas necesidades corporales, resulta que a la inteligencia la mandaron más veces a embotarse que a afinarse. Cuando la inteligencia llega a su completa ilustración y alumbra esa pureza de corazón que nos permite amar a la virtud por sí misma, entonces lo que quiere es emplearse ni más ni menos que en objetos espirituales.

¿O es que el género humano no llegará nunca a los más altos grados de la ilustración y la pureza? ¿Nunca?

¿Nunca? ¡Lejos de mí pensar semejante blasfemia, ¡Dios bondadosísimo! La educación tiene su meta, tanto la educación del género humano como la del individuo. Lo que se educa, para algo se educa.

¿Apunta a ello la educación humana y no va a llegar hasta ahí la educación divina? ¿Lo que consigue el arte con el individuo, no va a conseguirlo la Naturaleza con la totalidad? ¡Blasfemia, blasfemia!

No, no; llegará, seguro que llegará el tiempo del cumplimiento, cuando el hombre, a medida que su inteligencia se vaya convenciendo de que el futuro será mejor cada vez, no tenga ya necesidad de recabar de ese mismo futuro motivos para sus acciones; el tiempo en que el hombre hará el bien porque es el bien y no porque se establezcan premios arbitrarios con el fin, propiamente, de fijar y robustecer su voluble mirada para que sepa ver los premios interiores del bien, que son mejores.

El Nuevo Testamento, Lessing



 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Sus discípulos transmitieron fielmente esta doctrina. Y aunque no tuvieran otro mérito que el de haber dado curso general entre diversos pueblos a una verdad que parecía destinada por Cristo sólo a los judíos, ya por eso habría que contarles entre los favorecedores y bienhechores del género humano.

Que mezclaran esta gran doctrina con otras menos convincentes y de utilidad menos considerable, ¿podría suceder de otro modo? No se lo reprochemos, sino inquiramos con seriedad si lo que pasa no es que esa mezcla de doctrinas se convirtió, precisamente, en un nuevo golpe de timón para la razón humana.

Por lo menos, ya se ha visto por experiencia que los escritos del Nuevo Testamento en que se recogieron poco después esas doctrinas, llegaron a ser y siguen siendo el otro gran libro elemental del género humano. Hace mil setecientos años que la razón humana se ocupa en ellos más que en todos los demás libros y que recibe de ellos más luz que de todos los otros libros, aunque se trate solamente de una luz que pone en ellos la inteligencia humana misma.

Es imposible que otro libro llegara a ser tan conocido de pueblos tan diversos; y es completamente indiscutible que el que se ocuparan de ese libro estilos del pensar tan dispares prestó a la inteligencia humana una ayuda mayor que si cada pueblo hubiera tenido su propio y particular libro elemental.

También fue sumamente necesario que todos los pueblos tuvieran este libro durante un tiempo como el Non plus ultra de sus conocimientos. Pues el muchacho tiene que poner por encima de todo a su libro elemental ya sólo por una razón, a saber, para que la impaciencia de acabarlo no le arrastre a cosas para las que carece aún de base.

Fue Cristo el Primero que lo Enseñó, Lessing



 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Una cosa es sospechar, desear, creer en la inmortalidad del alma como en una especulación filosófica, y otra cosa es orientarse en la actividad interior y exterior según esa doctrina.

Y esto por lo menos fue Cristo el primero que lo enseñó. Pues aunque con anterioridad a Cristo se había implantado en muchos pueblos la fe en el castigo reservado en la otra vida a las malas obras, sin embargo sólo se castigaba las malas obras que resultaban perjudiciales para la sociedad civil, y por eso encontraban su castigo también en esta vida. Mas estaba reservada a solo Cristo la exigencia de una interior pureza del corazón con vistas a la otra vida.

Y Vino Cristo, Lessing



 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Todo libro elemental sirve sólo para una cierta edad. Entretener al niño con el libro elemental más tiempo del que se tenía pensado, le resulta perjudicial. Pues, para entretenerle con él útilmente, en cierta medida siquiera, hay que poner en el libro elemental más de lo que en él se encuentra, hay que meter más de lo que allí cabe. Hay que buscar y poner demasiadas cosas en las alusiones e indicios, apurar con exceso las alegorías, interpretar los ejemplos demasiado circunstanciadamente, exprimir las palabras en demasía. Esto confiere al niño una inteligencia mezquina, torcida, meticulosa; le hace ser misterioso, supersticioso, lleno de desprecio por lo que es comprensible y fácil. [...]

Lo que hace falta es que venga un pedagogo mejor y que le quite de las manos al niño ese libro elemental ya exhausto. Y vino Cristo. [...]

Había llegado en el ejercicio de su razón tan adelante esta parte del género humano, que para sus acciones morales necesitaba y era capaz de servirse de motivaciones más nobles y dignas que los premios y castigos con que hasta entonces fuera orientada. El niño se hace adolescente. Golosinas y juguetes ceden ante el deseo incipiente de ser tan libre, tan honrado, tan feliz como ve que es su hermano mayor.

Hacía ya tiempo que los mejores de entre aquella parte del género humano se habían acostumbrado a guiarse por una sombra de esas elevadas motivaciones. Griegos y romanos lo hicieron todo por perdurar, después de esta vida, siquiera en el recuerdo de sus conciudadanos.

Ya era hora de que una vida otra, verdadera, esperada para después de ésta, cobrara influencia sobre sus actos.

Y así se convirtió Cristo en el primer maestro auténtico, práctico, de la inmortalidad del alma.

El Dios Único, Lessing


 Extracto de La Educación del Género Humano de Gotthold Ephraim Lessing

Por más que se proveyera enseguida al primer hombre con el concepto de un Dios único, fue no obstante imposible que este concepto participado y no adquirido permaneciera mucho tiempo en su pureza. No bien empezó a elaborarlo la razón humana librada a sí misma, partió al Único Inconmensurable en diversas partes más mensurables, caracterizando de diversa manera a cada una de esas partes.

Así surgieron, naturalmente, el politeismo y la idolatría. Y a pesar de que siempre y en todas partes hubo algunos hombres sabedores de que se trataba de extravíos, ¡quién sabe los millones de años que hubiera errado por esos senderos la razón humana si no pudiera a Dios reorientarla con un nuevo golpe de timón!

Pero como ya no podía ni quería revelarse a cada individuo, se escogió un pueblo para darle una educación particular. Y escogió precisamente al pueblo más grosero, al más indisciplinado, para poder empezar con él desde el principio. Y ese pueblo fue el israelita, de quien se ignora completamente qué clase de culto practicara en Egipto. Pues tan despreciables esclavos no podían tomar parte en el culto de los Egipcios, y el Dios de sus padres había llegado a serles por entero desconocido.

¿Crees que la Francmasonería Siempre ha Tenido el Mismo Nombre?, Lessing



Extracto de la quinta conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- ¿Crees tú, que lo que es hoy la francmasonería, siempre ha tenido ese mismo nombre? (...) En cuanto al estado substancial de la francmasonería, ella cuenta tantos años de existencia como la
sociedad humana. Ambas solo pueden haber nacido conjuntamente (...)  Sean ahora madre e hija, o hermanas, la suerte de ambas siempre ha influido recíprocamente sobre una y otra. Como la sociedad se encontraba, así mismo se ha encontrado siempre y en todas partes la francmasonería y así viceversa. Siempre ha sido el indicio más seguro de un gobierno sano y robusto, en cuyos dominios se percibía la existencia de la francmasonería; así como actualmente todavía es la seña más infalible de un gobierno débil y tímido, que públicamente no permite lo que en secreto ha de tolerar aun a pesar suyo.
- Entiéndase: la francmasonería
- ¡Ciertamente! Pues ella no se funda en relaciones externas, que tan fácilmente son convertidas en disposiciones sociales, sino que descansa sobre los sentimientos de una comunidad de espíritus afines.
- ¿Y quién se atreve a dominar estos?
- Sin embargo, la francmasonería siempre y en todas partes ha tenido que ceder y amoldarse a las exigencias de la sociedad, pues esta última siempre ha sido la más fuerte. En cuantas diversas formas se haya constituido la sociedad, tantas veces la francmasonería no ha podido prescindir de admitir las mismas; solamente como es natural, cada nueva forma traía también su nombre distinto.

Logia y Masonería son Dos Cosas Muy Distintas, Lessing


Extracto de la cuarta conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 


No tener acceso por algún tiempo a la logia y hallase excluido de la masonería, creo son dos cosas muy diversas.

¿Cómo así?

Porque hay la misma relación entre logia y francmasonería, que entre la iglesia y la fe. La fe de los feligreses no se deduce absolutamente de la opulencia exterior de la iglesia. Al contrario, existe cierta opulencia exterior de la misma, para la cual sería un milagro si pudiera subsistir junto con la verdadera fe. Tampoco las dos jamás han marchado de acuerdo, sino como la historia lo enseña, la una siempre ha exterminado a la otra. Y así también mucho temo, temo.

Cristiano Debe ser el Francmason, Lessing


Extracto de la cuarta conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- Aquella igualdad que me citaste como una ley fundamental de la orden; aquella igualdad que me llenó el alma con tan inefable esperanza, poder respirarla al fin en sociedad de hombres cuya imaginación les permite sobreponerse a todas las modificaciones sociales, sin ofender una sola de éstas en perjuicio de tercero.
- ¿Y qué?
- ¡Ella existiría aún, si alguna vez hubiera existido! Que se pretende solicitando su iniciación un judío ilustrado. Si, ¿un judío?, a lo menos cristiano debe ser el francmasón. Es de todo punto indiferente qué clase de cristiano. Sin distinción de religión solo significa, sin distinción de las tres religiones del sacro imperio romano, públicamente reconocidas y toleradas ¿También
opinas esto?
- Yo precisamente no.

Uno Quiere hacer Oro, Otro Evocar Espíritus, el Tercero Restablecer a los..., Lessing


Extracto de la cuarta conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- ¿Y tus iguales, los otros neófitos de la orden, tampoco nada saben?
- ¡Oh esos!, esos saben tanto el uno quiere hacer el oro, otro quiere evocar los espíritus, el tercero quiere restablecer los ¿?. ¿Te sonríes, y solo te sonríes?
- ¿Qué más puedo hacer?
- Manifestar disgusto sobre semejantes extravagancias
- Si no mediara un motivo que me reconciliase con ellas.
- ¿Y cuál?
- Que en medio de todas esas divagaciones reconozco su empeño por descubrir la verdad, y de todos esos errores aún se deduce la dirección del verdadero camino.

¿Con qué ha de consolarse el caballero escocés?, Lessing


Extracto de la cuarta conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- Me has inducido a dar un paso ridículo. (...) El hombre de Dios habla a su pueblo de una tierra de promisión, donde vierten miel y leche. ¿Y ese pueblo no ha de ansiar conocerla? ¿Y no ha de murmurar el hombre de Dios, si en vez de conducirlo a esa tierra prometida los lleva a áridos desiertos?
- ¡Vaya, vaya! Sin embargo no puede ser tan grande el daño, desde que veo que ya has trabajado en los sepulcros de nuestros antepasados.
- Pero que no se hallaban circundados de llamas sino de humo.
- Pues aguarda entonces que el humo se disipe y luego la llama te iluminará y te dará calor.
- El humo me asfixiará antes que la llama me alumbre, y ya veo que se calentarán en ella primero otros que pueden soportar el humo mejor que yo. (...) ¿qué motivo pudo moverte a conducirme a tan resbaladiza pendiente? ¿Y a venderme ficciones por realidades, cuya falsedad tú muy bien conocías? (...)
- No se podía hacer contigo ninguna excepción; pues todos tienen que seguir al mismo camino.
- Ni tampoco me pesaría haber seguido esa ruta, como el resto del camino me prometiera algo siquiera. Pero consolación tras consolación y nada más que consolaciones.
- ¡Pues se te consuela! ¿Y con qué se te consuelan?
- Tú debes saberlo, con la masonería escocesa, con el caballero escocés.
- Pues si, muy bien, ¿pero con qué ha de consolarse entonces el caballero escocés?
- ¡Quién eso supiera!

De los Males de un Gobierno Determinado, Jamás se Ocupa el Francmasón, Lessing


Extracto de la segunda conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- Por tus explicaciones me figuro los francmasones como gentes que voluntariamente se han encargado de trabajar en contra de los males inevitables de los gobiernos.
- Este concepto de los francmasones al menos no los denigrará. Consérvalo, pero interprétalo bien. No le mezcles nada de lo que no le corresponde. De los males inevitables de los gobiernos en general, no de este o de aquel gobierno. No los males inevitables que un gobierno determinado haya creado y que ahora naturalmente son la consecuencia de lo que ese gobierno admitió. De estos jamás se ocupa el francmasón, al menos no en su calidad de masón. La paliación y curación de esos males se la reserva al ciudadano, el cual según sus luces, según su valor y a su riesgo puede ocuparse de ellos. Males de muy distinto género, más elevados son el objeto de su virtualidad.
- He comprendido bien. No los males que causan el descontento del ciudadano, sino males de que no está exento ni aún el ciudadano más feliz.
- Muy bien (...) Ahora vete y estudia esos males, aprende a conocerlos todos, pensando bien las influencias que ejercen unos sobre otros, pudiendo quedar convencido que este estudio te resolverá problemas que en momentos de pesar y abatimiento sean en apariencia las objeciones más desconsoladoras e indisolubles, contra la divina Providencia y la virtud. Esta solución, esta ilustración te tranquilizará y te hará feliz, aún sin llamarte francmasón.

¿Y si Esos Hombres Fuesen los Francmasones?, Leissing



Extracto de la segunda conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

Supongamos a toda la humanidad regida por este mejor gobierno: ¿compondría por eso toda la humanidad un solo Estado?
- Difícilmente, pues un Estado tan monstruoso sería imposible de administrar. Tendría este que subdividirse entonces en varios Estados pequeños, los que todos serían gobernados por las mismas leyes.
- Esto es: los hombres continuarían siendo como hasta aquí alemanes y franceses, holandeses y españoles, rusos y escandinavos u otros nombres que tuvieran. (...) ¿No es verdad que cada uno de estos pequeños Estados tendría sus propios intereses? ¿Y cada uno de sus miembros tendría el interés de su respectivo Estado? (...) Estos diversos intereses entrarían a menudo en colisión y resultaría como actualmente sucede que dos miembros de distinta nacionalidad no se tratarían con mayor ingenuidad como ahora un alemán a un francés, y un francés a un inglés.
- Muy probablemente.
- Muchos de esos pequeños Estados tendrían muy diverso clima, luego distintas necesidades y diversos modos para satisfacerlas, luego completamente diversos usos y costumbres, luego muy distintas doctrinas morales y de consiguiente muy diversas religiones. (...) Los hombres seguirían siendo judíos, cristianos, turcos y demás.
- No me atrevo a negarlo.
- Siendo así ellos habrían de conducirse unos con otros, no de otro modo como siempre se han conducido nuestros cristianos, judíos y turcos.No simplemente como de hombre a hombre, sino como tales a cuales hombres, que se disputan cierto rango de prioridad espiritual, sobre el cual pretenden fundar derechos, lo que al hombre natural jamás podría ocurrírsele. (...) La sociedad humana divide y separa a los hombres en distintas nacionalidades y religiones. (...) Pero la sociedad prosigue aún esas separaciones en cada una de esas pequeñas partes casi hasta lo infinito.
- ¿Cómo así?
- ¿O te imaginas acaso la posibilidad de un Estado sin diversidad de clases? Sea éste bueno o malo y hallase más o menos próximo a su perfección, es imposible que todos sus miembros guarden unos con otros las mismas relaciones. Aún cuando todos contribuyan a la legislación, esto no podría efectuarse por iguales partes, al menos no muy inmediatamente. De modo que habrá miembros superiores e inferiores. Aún cuando desde su principio entre todos se hubiera distribuido las propiedades del Estado por iguales partes, esta distribución sin embargo no alcanzaría a subsistir ni durante dos generaciones. Pues unos aprovecharían mejor su propiedad que otros y algunos tendrían que distribuir su mal aprovechada propiedad entre mayor número de descendientes que otros. Habría por consiguiente miembros ricos y pobres. (...)
- ¡Como pudiera contradecirte! ¿Mas con qué objeto? ¡Pues bien! ¡Los hombres solo pueden unirse por medio de las divisiones! ¡Solo pueden mantenerse unidos por incesantes divisiones! Ya esto está dispuesto así y no puede ser de otro modo. (...)
- Si los hombres no se pueden reunir en Estados sino por medio de aquellas divisiones: son por eso acaso buenas esas separaciones. 
- Eso no.
- ¿Son acaso por eso sagradas esas separaciones? (...) Muy de desear sería, que en todo Estado hubiera ciertos  hombres que sobreponiéndose a las preocupaciones de nacionalidad, conocieran exactamente cuándo y dónde el patriotismo deja de ser virtud.
- Sería muy de desear.
- Muy de desear, que en cada Estado hubieran algunos hombres que no sucumbieran a las preocupaciones de su religión natal, ni creyeran que necesariamente había de ser bueno y verdadero todo lo que ellos como tal hubieran reconocido.
- Muy de desear.
- Muy de desear, que en cada Estado existieran ciertos hombres que no vivieran ofuscados por las elevadas distinciones sociales ni a quienes repugnase la inferioridad civil, en cuya sociedad el hombre de elevada posición gustoso se inclina y el inferior pueda presentarse libremente con
frente erguida.
- Sería muy de desear.
- ¿Y si este deseo se hubiese realizado?
¿Realizado? Tal vez en una que otra parte, de vez en cuando existirán tales hombres.
- No solamente en una que otra parte, de vez en cuando.
- En ciertas épocas, y en ciertos países.
- ¿Y si hubiera ahora tales hombres en todas partes, y en adelante existieran para siempre?
- ¡Dios lo quiera!
- ¿Y que estos hombres no vivieran en inactiva distracción, ni siempre en una iglesia invisible?
- Hermosa ilusión!
- En fin abreviando ¿y que estos hombres fuesen los francmasones?

¿Sabes amigo que ya eres medio francmasón?, Lessing


Extracto de la segunda conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- Yo no pronunciaría esto tan alto.
- ¿Por qué no?
- Una verdad juzgada según la propia condición de cada cual, puede fácilmente dar lugar a abusos.
- ¿Sabes amigo que ya eres medio francmasón?
- ¿Yo?
- Tu, desde que ya reconoces ciertas verdades sobre las que sería mejor guardar silencio.
- Pero que podrían decirse.
- El sabio no puede decir lo que prefiera guardar en silencio. 

¿Llegará el hombre algún día a ese estado de perfección?, Lessing



Extracto de la segunda conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

¡Siéntate aquí a mi lado y mira! (...) La vida y movimiento dentro y fuera de este hormiguero. ¡Cuánta actividad y sin embargo cuanto orden! todas cargan, arrastran y empujan; y ninguna incómoda a la otra.Ve, hasta se ayudan unas a otras.
- Las hormigas viven en sociedad como las abejas.
- Y en una sociedad aun más admirable que las abejas. Pues entre ellas no hay quien las mantiene unidas y gobierna.
- De modo que así puede existir el orden sin gobierno.
- ¿Sabiendo cada cual gobernarse a sí mismo, por qué no?
- ¿Llegará el hombre algún día a ese estado de perfección?
- ¡Difícilmente!
- ¡Es lástima!

Creyentes o Herejes, Responden sin Contestar, Lessing


Extracto de la segunda conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- ¿Has meditado?

- ¿Sobre qué? ¿Sobre tu enigma? (...) Esta es la primera vez que te he hablado de francmasonería y será también la última. Pues ya veo que tú eres como todos los demás. (...) Francmasones creyentes o herejes, todos ellos habitualmente juegan con las palabras y haciéndose interrogar, responden sin contestar.

Autores de Todo lo Bueno que Existe en la Tierra, Lessing


Extracto de la primera conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- No basta que los francmasones se protejan mutuamente y con toda energía, pues esto solo sería una condición indispensable de otra pandilla cualquiera.¡Cuánto no hacen en favor del público en general de todos los estados cuyos miembros son!
- ¿Por ejemplo? Para cerciorarme si sigues la verdadera pista.
- ¡Por ejemplo los francmasones de Estocolmo! ¿No han fundado un gran asilo de expósitos? (...) ¡Y los francmasones de Dresde! Que hacen instruir a niñas pobres y desvalidas en trabajos de bordados y otras obras de mano, para evitar y disminuir así las casas de expósitos. (...) Y los francmasones de Brunswich, que a niños pobres y aplicados hacen enseñar el dibujo. (...) Y los francmasones de Berlín, que sostienen el establecimiento filantrópico de Basedow. (...)
- Los francmasones también pueden hacer algo sin precisamente hacerlo en su calidad de tales. (...) Tal vez todos los buenos actos que acabas de enumerar, valiéndome para mayor brevedad de un término escolástico, sean solo sus actos ad extra.
- ¿Cómo se entiende eso?
- Solo actos visibles para el pueblo; practicados con el solo objeto de que el pueblo los perciba.
- ¿Para captarse su consideración y respeto?
- Bien pudiera ser.
- ¿Pero cuáles son entonces sus actos principales? ¿Qué, guardas silencio?
- ¿Y si te hubiera contestado ya?, Sus actos verdaderos, esto es su secreto.
- ¡Ah! ¿También verbalmente inexplicable?
- ¡No muy bien! Solo puedo y me es permitido decirte: los verdaderos actos de los francmasones son de tal magnitud, de tanto alcance que transcurrirán los siglos antes de que ellos decirse pueda ¡esta es su obra! Sin embargo ellos son los autores de todo lo bueno que existe en la tierra, nótalo bien: ¡en la tierra! y continúan ocupándose de todo lo bueno aun por establecerse fíjate bien: ¡en la tierra!
- ¡Vaya! tú te burlas de mi.
- En verdad que no.

La Masonería no son Palabras, Signos y Usos, sino Actos, Lessing


Extracto de la primera conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francmasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- ¿La francmasonería no es arbitraria? ¿No comprende ella ciertas palabras, signos y usos que pudiendo ser distintos son por consiguiente arbitrarios?
- Así es. Pero esas palabras, esos signos y esos usos no son la francmasonería. (...)
- ¿Entonces ¿qué hacían los hombres antes que existiera la francmasonería?
- La francmasonería ha existido siempre.
- ¿Qué es, pues, entonces esa necesaria e indispensable francmasonería?
- Como ya te he dado a entender: es algo que hasta los mismos que lo saben no pueden decir.
- Es decir una quimera.
- No seas precipitado.
- Lo que concibo y comprendo debo también saber expresar por medio de la palabra.
- No siempre y a menudo no tan bien que otros comprendan esas mismas palabras en igual sentido como yo las concibo. (...)
- ¡Es singular! Puesto que los mismos francmasones, que conociendo los misterios de su orden, no pueden comunicarlos verbalmente, ¿de qué medios se valen entonces para propagar la institución?
- Por medio de sus actos que hacen presumir o adivinar y que manifiestan en cuanto sea posible a hombres y jóvenes buenos a quienes favorecen con cierta intimidad, y éstos aficionándose a lo mismo, ejecutan actos parecidos.

Creo ser Francmasón, Lessing



Extracto de la primera conversación de Ernst y Falk, Diálogos para Francomasones, de Gotthold Ephraim Lessing. 

- ¿Es cierto, amigo, que eres francmasón?
- ¡No lo es el que me lo pregunta!
- ¡Sin duda! pero respóndeme sin rodeos ¿eres francmasón?
- Creo serlo.
- La respuesta es como de quien manifiesta incertidumbre.
- ¡No, por cierto! pues me hallo muy al corriente del asunto.
- Entonces sabrás: cuándo, a dónde y por quién has sido admitido.
- Eso sin duda lo sé; pero eso no significaría gran cosa. (...)
- Explícate.
- Yo creo ser francmasón, no tanto por haber sido iniciado por masones experimentados en una logia legalmente constituida, cuanto porque diviso y reconozco qué y para qué es la francmasonería, cuándo y a dónde ha existido, cómo y con qué progresa o retrocede.
- ¿Y sin embargo te expresas en términos tan dudosos? ¡Creo serlo!
- Ya estoy habituado a expresarme así. No por cierto a falta de convicción propia, sino porque detesto provocar discusiones y suscitar cuestiones inútiles.
- Tú me respondes como a un extraño.
- Extraño o amigo.
- Eres iniciado, lo sabes todo.
- Otros también son iniciados y creen saber.
- ¿Y podrías haber sido iniciado ignorando lo que sabes?
- ¡Desgraciadamente!
- ¿Por qué?
- Porque muchos de los mismos iniciadores lo ignoran y los pocos que lo saben no pueden decirlo.