Que el Color, la Raza y el Género sean Sólo un Don de Dios, Mandela


Extracto del Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 3 de octubre de 1994. Tal y como recoge el libro de Joseph Walkes The History of the M.W. Prince Hall Grand Lodge of North Carolina and Jurisdiction 1864-2000, Mandela fue hecho masón a la vista en 1990 durante un viaje a Estados Unidos. 

En todo lo que hagamos tenemos que asegurar la cicatrización de las heridas que se infligieron a todo nuestro pueblo a través de la gran línea divisoria impuesta a nuestra sociedad por siglos de colonialismo y apartheid. Debemos garantizar que el color, la raza y el género sean sólo un don dado por Dios a cada uno de nosotros y no una marca o un atributo indeleble que otorgue a algunos una condición especial.

Debemos trabajar para que llegue el día en que nosotros, como sudafricanos, nos veamos y actuemos recíprocamente como seres humanos en pie de igualdad y como parte de una nación unida y no desgarrada por su diversidad.

El camino que tendremos que recorrer para llegar a ese destino no será fácil. Todos sabemos con qué empecinamiento el racismo puede aferrarse a la mente y con qué profundidad puede infectar el alma humana. Cuando está sostenido por el orden racial del mundo material, como fue en nuestro país, ese empecinamiento puede multiplicarse 100 veces.

Sin embargo, por dura que pueda ser esta batalla, no nos rendiremos. Sea cual fuere el tiempo que demande, no cejaremos. El hecho de que el racismo degrada tanto al perpetrador como a la víctima nos exige que, para ser leales a nuestro compromiso de proteger la dignidad humana, luchemos hasta lograr la victoria.

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