Extracto del discurso de Jean de Turkhein en el Convento de las Galias de 1778, en el que quedo conformado el Régimen Escocés Rectificado.
No predico el ascetismo; lejos de mí cualquier contemplación puramente pasiva que aísla al ciudadano y seca su corazón. Lejos de nosotros estas sombrías meditaciones que concentran la imaginación exaltada en los gabinetes apartados, la pierden en las esferas ideales y la apartan del servicio a la sociedad. Lejos de nosotros estas combinaciones alquímicas, tan peligrosas por su atractivo, a cuyas locuras ciertamente debemos de forma accidental algunos descubrimientos interesantes, pero que una química esclarecida proscribió y expone al ridículo y a la miseria.
Pero separemos de estos errores, de estas locuras, la ocupación más noble del hombre, depositario del soplo divino que lo anima: la augusta contemplación de la Verdad. Cuando hayamos advertido lo superfluo para la humanidad afligida; cuando hayamos proporcionado a nuestros corazones un alimento sublime, no impidamos a los que prefieran los placeres engañosos de la sociedad, la ebriedad pasajera de los sentidos, descansos más útiles y satisfactorios, llevar a las tinieblas del espíritu humano la llama de la Verdad, la cual quizás no luzca en las escuelas de Ciencia vulgar.

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