Este ensamblaje inconcebible de dos naturalezas tan opuestas es sin embargo hoy el triste atributo del hombre. Por una, hace brillar la grandeza y nobleza de su origen y, por la otra, queda reducido a la condición de los más viles animales, y es esclavo de las sensaciones y de las necesidades físicas. […] la naturaleza de los ensamblajes de la materia se opone a la unidad de la Naturaleza espiritual.
Hallamos en la materia misma una imagen de esta unión inconcebible por la unión que existe en ella de dos principios opuestos llamados agua y fuego; un mediador o tercer principio, llamado tierra, opera esta unión; ella los une y los amalgama en un solo individuo. Esta es la misma unión de las dos naturalezas del hombre; ella solo puede darse por un poder mediador que, inferior al espíritu y superior a la materia, les une sin serles contrario y mantiene por su presencia esta unión contra natura hasta que su acción cese, rompiendo con su retirada estos lazos momentáneos.

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