Extracto de Masonería Española, de la edición ampliada y refutada de 1954.
El Masón, hombre libre, ilustrado, de honradas costumbres y con medios de vida, disciplina en los templos sus ideas y su carácter, aprende a razonar, se suelta en el ejercicio de la palabra, se familiariza con los problemas políticos y sociales, olvida todos los prejuicios, siempre nocivos; se acostumbra a ser tolerante y henchido de sus convencimientos, aún sin proponérselo, propaga sus doctrinas en la cátedra, en el periódico, en el libro, en la reunión pública, en la tertulia del café, en todas partes, ganando así la opinión de multitud de gentes, incapaces de percatarse de que todo lo que aplauden y hacen suyo es parte del credo masónico. [...]
Los Masones, además, aunque formando parte de la más pura y perfecta democracia, tienen algo de aristócratas, por su ilustración, por su honradez, por su desinterés, y de esta suerte, dondequiera que hallan, no ocupan el último lugar, recayendo así sobre ellos principalmente la dirección o la responsabilidad de los actos profanos en que intervienen.
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