Extracto de las Memorias de José Garibaldi publicadas por Alejandro Dumas.
Si hay algún buen sentimiento en mi alma, lo he heredado [de mi madre]. Su angélico carácter no podía menos de reflejarse en mí. Así, solo a su conmiseración por las desgracias y a su compasión por las penas ajenas debo yo el grande amor, la profunda caridad que siento por la patria; caridad que me ha valido el afecto y simpatía de mis desgraciados conciudadanos. […]
En las circunstancias más terribles de mi vida, cuando el Océano rugía bajo la carena y contra los flancos de mi buque, que levantaba como un corcho, cuando las balas rasas silbaban a mis oídos como el viento de la tempestad, y cuando las balas llovían a mi alrededor como el granizo, la veía yo arrodillada, sumergida en su oración, encorvada a los pies del Altísimo; y al punto reconocía que lo que me daba ese valor de que las gentes se han asombrado muchas veces, era la convicción de que no podía sucederme ninguna desgracia, cuando una santa mujer, cuando un ángel rogaba a Dios por mí.

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