Sobre la Guerra, Machado


Fragmento de Juan de Mairena.

Si vis pacem para bellum, dice un consejo latino algo superfluo, porque el hombre es por naturaleza y para guerrear siempre está más o menos paratus. De todos modos, el latín proverbial sólo conduce, como tantos otros latines, a un callejón de difícil salida: en este caso, a la carrera de los armamentos, cuya meta es la guerra.

Más discreto sería inducir a los pueblos a preparar la paz, a apercibirse para ella y, antes que nada, a quererla, usando de sen­tencias menos paradójicas. Por ejemplo: si quieres la paz, procura que tus enemigos no quieran la guerra; dicho de otro modo: procura no tener enemigos, o lo que es igual: procura tratar a tus vecinos con amor y justicia. Bien comprendo que esto nos llevaría, en última instancia, a sacar el Cristo a relucir, lo cual, después de Nietzsche, es cosa de mal gusto, propia de sacristanes y de filis­teos, en opinión de muchos sabihondos que no han advertido todavía cómo los filisteos y los sacristanes no suelen sacar el Cristo en función amorosa, sino para bendecir los cañones, las bombas incen­diarías y hasta los gases homicidas.

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