Una Orden Poseedora de Algunos Conocimientos Secretos de la Naturaleza, Willermoz


Extracto del Anteproyecto leído por Willermoz en el Convento de Wilhelmsbad de 1782 donde se analizó la legitimidad de la filiación de la Masonería con la Orden del Temple y el futuro de la Orden. 

La Orden de los Templarios empezó existiendo en Jerusalén en un estado de pobreza que no hacía envidiar a nadie, bajo la denominación de Caballeros de la Ciudad Santa, por la sola y libre voluntad de sus nueve fundadores, quienes dedicaron su sangre, su vida, su voluntad y todo su ser al sostén de la religión cristiana, a la seguridad de los peregrinos y al alivio de todos aquellos que pudieran socorrer. No perdamos de vista, mis muy Reverendos Hermanos este primer momento de su existencia ni el objetivo que entonces les reunía, ya que podría sernos útil el volver otra vez a ello.

La Orden aumentó bien pronto con la recepción de los más ilustres personajes del mundo cristiano, y por ello o de otro modo se convirtió en inmensamente rica. Había sido consagrada por la Iglesia como orden militar y religiosa, y en esta calidad, recibió una cruz, una indumentaria y una regla particular.

Se le atribuyó inmediatamente el ser poseedora de algunos conocimientos secretos de la naturaleza, que contribuían a aumentar su gloria y sus riquezas; no decimos que todos los caballeros fueran poseedores de estos conocimientos, sino solamente los principales de entre ellos que se los transmitían sucesivamente de unos a otros. La tradición tampoco dice que los poseyeran en exclusiva a cualquier otro conocimiento, sino tan sólo que ellos eran como inherentes a la Orden y que entre ellos resultaban menos raros y mejor reunidos que en cualquier otra parte.

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