Extracto del Libro autobiográfico Jesuitas y Masones, publicado en Buenos Aires en 1963 y dedicado Ad Majorem Dei Gloriam, A la Gloria del Gran Arquitecto Del Universo, que relata las experiencias en ambas Ordenes del Dr Töhötöm Nagy.
Nos pidió que le entregáramos todo lo que llevábamos encima de valor, sobre todo lo que fuera metal; puso todo en sobres grandes, anotó nuestros nombres y los llevó. Al final de la iniciación supimos que de haber quedado encima de nosotros algún objeto de metal, toda la larga ceremonia hubiera sido anulada y obligada a que fuera repetida.
Recuerdo haber leído en un libro que hablaba contra los masones, criticando con ironía este proceder, tildábalo de ridículo, que la admisión pueda depender de detalles tan insignificantes. No tenía razón. Durante los estudios de teología discutíamos en serio si era válido el bautismo de ese chino a quien el agua tocó sólo su trenza; porque su trenza no era su cuerpo y según la regla, ésta tenía que tocar el cuerpo. Otro caso era: si la madrina que toca sólo la ropa del bautizado en momentos del bautismo, ¿será o no legalmente madrina, cuando el contacto debe ser con alguna parte descubierta del bautizado? […]
Pues, si los masones consideraron por simbolismo, la prescripción de esto como condición para la admisión, ¿por qué no respetarlo de la misma manera como respetamos las condiciones impuestas por la religión católica?
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