Ergo Bibamus, Goethe



Unidos aquí estamos para una accion laudable; / por tanto, hermanos míos, arriba. ¡Ergo bibamus! / Resuenen nuestros vasos y callen nuestas lenguas; / levantar vuestras almas muy bien. ¡Ergo bibamus!

He aquí una sentencia tan vieja como sabia;  / conserva su vigencia hoy lo mismo que antaño, / y un eco nos aporta de espléndidos festines, / esta jovial y grata consigna: ¡Ergo bibamus!

Hoy he visto a mi dulce amada placentera;  / al punto fui y me dije: "Bueno está. ¡Ergo bibamus!" / Me acerqué sin recelo y ella me acogió bien. / Y entonces repetí mi alegre ¡Ergo bibamus! / Mas lo mismo si os mima y os acaricia y besa, / que si nos niega adusta su corazón y brazos, / ¿qué recurso nos queda, mientras no nos sonríe, / que de nuevo apelar al viejo ¡Ergo bibamus!

De los amigos lejos cruel destino me lleva. / ¡Oh fieles camaradas! ¿Qué hacer? ¡Ergo bibamus! / Ya me marcho cargado con liviano bagaje;  / quiere decir se impone un doble ¡Ergo bibamus!b

Y aunque a veces el cuerpo la carcoma nos roa, / nunca de la alegría vacío el tesoro hallamos; / que el alegre al alegre suele prestar rumboso, / así que, hermanos mios, ¡venga un Ergo bibamus!

Ahora bien: qué debemos cantar en este día? / ¡Yo tan sólo pensaba cantar Ergo bibamus! / Pero recuero ahora su especial importancia; / así que alzar las voces. De nuevo ¡Ergo bibamus! / Este día se nos mete la dicha por la puerta; / resplandecen las nubes, tiembla el trigo dorado; / y una imagen divina brilla ante nuestros ojos; / así que alegremente cantad ¡Ergo bibamus!

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