La Masonería Española en el Sexenio Absolutista, Alcalá Galiano


Extracto de las Memorias de Alcalá Galiano, en el que describe la estructura y el papel de la Masonería durante el sexenio absolutista que llevaría a la sublevación de Riego de 1820 para restablecer la Constitución de 1812.

Los trabajos masónicos, suspendidos en la mayor parte de España, estaban en completa actividad en Andalucía, y esta vez no eran mero juego, sino conjuración crecida y numerosa, cuyo efecto en cuanto a romper en rebelión contra el Gobierno era seguro y estaba cercano. [...]

Un cuerpo supremo y misterioso, de cuya existencia había noticia, suponiéndole dueño de gran fuerza y activo y celoso en sus trabajos, tenía la autoridad superior en la provincia, y estando a la sazón sin cabeza la masonería española regularizada, obraba como Gobierno de potencia independiente. Era fama que celebraba sus juntas en la casa de la familia de Istúriz, familia muy respetada en Cádiz, de las de más nota y antigüedad en la clase superior del comercio, enlazada con militares, de los cuales algunos llevaban a sus pechos las cruces que eran distintivo de nobleza rica y decaída [...]

Las logias no paraban de practicar los ritos masónicos. Verdad era que se les daba un significado que en otros tiempos y países algunos les suponen, otros los niegan, y nadie se mete a explicar; verdad que mil insinuaciones, aún dentro de los conciliábulos, mostraban irse a un fin político no sólo en general y para tiempo remoto, sino en derechura y con poca demora; verdad que a muchos traía a ser sectarios la certidumbre de no tardar en ser campeones de la libertad contra el despotismo, en seria contienda. Pero al fin nada se hacía que llevase adelante el gran proyecto, en cuya ejecución sabían todos que se trabajaba. Suponíase que el cuerpo supremo, llamado Soberano Capítulo, hacía maravillas; y como la obediencia era voluntaria y grandes las esperanzas y la fe, pocos dudaban de la aptitud o del celo de la autoridad encubierta a que servían. [...]

Pero este cuerpo supremo, que trabajaba poco y conocía el estado de las cosas, determinó crear otro que preparase el levantamiento cercano. Hízose según dispuso la autoridad, y fue creado un cuerpo intermedio entre las logias y el Soberano Capítulo, dándosele el nombre de Taller sublime, lo cual era y no era hablar el lenguaje masónico, pues tal cuerpo, aunque las palabras con que se le señalaba y la acepción en que eran usadas fuesen de la secta, al cabo no existía entre los conocidos en la masonería extranjera o la española regularizada. De este Taller fui yo, con el título de su orador [...]

Nada se hablaba de la Constitución de 1812; nada, tampoco, de república, en que no se pensaba; nada del rey o de persona con quien pudiese sustituirsele, dejando todo esto al voto de la nación para hora posterior a la de la pelea y la de la victoria. El fin era declarar que en España había de haber un Gobierno de los llamados libres o populares, esto es, un cuerpo de representantes de la nación que compartiese con la potestad ejecutiva el poder político; un Gobierno donde gozasen de latos derechos individuales los gobernados, viviendo bajo el amparo de las leyes, y no sujetos a la voluntad de los gobernadores. [...]

La hora en que había de romper la guerra no era segura, ni tocaba al Taller sublime señalarla, ni aun saberla a punto fijo, hasta que estuviese cercana. De esto trataba el Soberano Capítulo con el general. Pero las comunicaciones entre ambos eran poco frecuentes y nada claras. En verdad, el Soberano Capítulo hacía poquísimo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario