El Triangulo Inmortal de la Dignidad Divina, Bilbao




Extracto del Segundo de los Discursos Masónicos incluido en las Obras Completas de Francisco Bilbao publicadas en 1860. 

La luz existe, existía. Todos reconocen la necesidad de un vínculo común, pero casi todas las religiones y sectas, han pretendido imponer sus formas y ritos peculiares y exclusivos, a la forma universal, que desconoce las fronteras y que ignora los límites, y que es la que nosotros proponemos. La masonería en medio de todas las disidencias, divisiones, odios, y persecuciones, ha elevado su bandera en la que brilla el triángulo inmortal de la Trinidad divina, cuya encarnación humana se llama libertad, igualdad, fraternidad.



No discutimos sobre dogmas, ni sobre principios. Exigimos tan sólo el reconocimiento del Arquitecto supremo de los mundos, sin cuya existencia, y reconocimiento, sociedad, leyes, civilización y progresos sacudidos por el Sansón de la duda, rodarían desquiciados al abismo. Exigimos el reconocimiento de la inmortalidad del alma, sin cuya verdad, esta vida, sería, como lo dijo Hugo, indigna del Dios que la da y del hombre que la recibe.

Exigimos el reconocimiento de un vínculo supremo entre ese Dios el eterno, y entre este ser el inmortal, para continuar el desarrollo de la crisálida celeste que la humanidad contiene, y que no puede terminar porque tiene a la eternidad por tiempo, a la inmensidad por campo y al infinito por término y deseo de sus aspiraciones sin fin. He ahí los cimientos indestructibles del templo moral tan vasto como el mundo, que los masones, aprendices, compañeros y maestros, levantan con sus manos bajo el amparo de la luz del cielo y de las luces que nos guían.

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