Los Ágapes para Celebrar el Sol, Castelar


Extracto de La Civilización en los Cinco Primeros Siglos de Cristianismo, lecciones pronunciadas en el Ateneo de Madrid por Emilio Castelar 

En las cenas cristianas llamadas ágapes, porque el amor divino las proteje, no hay ni esclavas que dancen, ni músicos que llenen el aire de alegres sinfonías; ni gladiadores que peleen, ni reyes del festín que deshojen rosas sobre los vasos de esmeraldas; ni corrompidos patricios, porque esclavos, gladiadores, mendigos, patricios, todos se sientan a una misma mesa, todos comparten un mismo pan; y su único cántico es el hosanna consagrado al Dios de las alturas; y su única alegría la esperanza de otra vida mejor; y su única ocupación orar por los muertos, alentar al martirio a los vivos, socorrer al pobre, curar al enfermo, unir todas las conciencias en el regazo de las virtudes religiosas luz y vida del espíritu. 

Así el principio de la fraternidad se realiza. Los ricos y los pobres forman como un solo cuerpo en las Catacumbas. Aquellos dan lo superfluo para que estos tengan lo necesario. [...]

Dos ceremonias celebraban todos los días, una cuando el sol surgiendo del Oriente, derramaba la alegría y la vida en el mundo; otra cuando el sol se duerme y convidan las tinieblas a la meditación y al recogimiento; y en ambas entonaban coros sagrados mezclándose las voces de los niños, de las mujeres, de los jóvenes, de los ancianos, en un acorde religioso, y sentándose después todos a una misma mesa a repartir el pan de cada día como en la oración se repartían sus ideas y sus esperanzas.

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