Extracto de las Memorias de Kipling, tituladas Algo de mi mismo, dedicadas `Para mis amigos conocidos y desconocidos´.
Hubo un momento en que nuestro mundo estuvo lleno de resonancias de la teosofía que predicaba Madame Blavatsky a sus seguidores. Mi padre conocía a aquella dama, con quien discutía de asuntos totalmente profanos y que le parecía uno de los impostores más interesantes y faltos de escrúpulos que había visto jamás. Esto, con las experiencias que había vivido mi padre, constituía un gran elogio. No tuve tanta suerte, si bien conocí a curiosos ancianos, un poco idos, que vivían en un clima constante de fenómenos manifestados en sus casas.
Lo cierto es que el momento auroral de la teosofía arrasó en el Pioneer, cuyo director se convirtió en un devoto creyente y usaba el periódico como vehículo de propaganda hasta un punto que crispaba los nervios no sólo de los lectores, sino también de un corrector de pruebas que una vez, a última hora, aderezó un artículo muy exaltado sobre el asunto con la siguiente frase entre corchetes: ¿Qué se apuestan a que es una vulgar patraña? El director se enfadó de un modo muy poco teosófico.
Lo cierto es que el momento auroral de la teosofía arrasó en el Pioneer, cuyo director se convirtió en un devoto creyente y usaba el periódico como vehículo de propaganda hasta un punto que crispaba los nervios no sólo de los lectores, sino también de un corrector de pruebas que una vez, a última hora, aderezó un artículo muy exaltado sobre el asunto con la siguiente frase entre corchetes: ¿Qué se apuestan a que es una vulgar patraña? El director se enfadó de un modo muy poco teosófico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario