Extracto de las Memorias de Churchill sobre la Segunda Guerra Mundial. Chuchill pasó la Navidad de 1941 en la Casa Blanca desde cuyo balcón pronunció una breve alocución el día de Navidad.
Paso estas fiestas de Navidad lejos de mi patria, lejos de mi familia, pero en realidad no puedo decir que tenga la sensación de hallarme lejos de mi casa. Ya sea por los lazos de la sangre que a través de mi madre me unen con este país, ya sea por las amistades que aquí tengo, contraídas y cultivadas a lo largo de muchos años de vida activa, o bien por el vigoroso sentimiento de camaradería que enlaza en una causa común a dos grandes pueblos que hablan la misma lengua, que se postran ante los mismos altares y en muy gran medida persiguen los mismos ideales, no puedo considerarme extranjero en este lugar que constituye el centro y la cúspide de los Estados Unidos. Experimento en torno a mí una sensación de unidad y colaboración fraternal que, junto con la calidez de vuestra bienvenida, me convence de que tengo derecho a sentarme ante vuestro hogar y compartir con vosotros las alegrías de la Navidad.Es ésta una extraña Nochebuena. Casi el mundo entero está sumido en una lucha a muerte, los pueblos avanzan unos contra otros armados con los medios de destrucción más terribles que la ciencia haya imaginado nunca. Muy amargas serían para nosotros estas fiestas navideñas si no estuviésemos seguros de que no hemos entrado en la liza movidos por el afán de arrebatar territorios ni riquezas a pueblo alguno, que no nos ha impulsado ninguna ambición vulgar, ningún apetito insano de medrar a expensas de otros.
Aquí, mientras ruge el monstruo de la guerra asolando tierras y océanos, acercándose más y más a nuestros hogares, aquí, en medio del tumulto inmenso, reina esta noche de paz del espíritu bajo cada techo familiar y en el corazón de todos los hombres honrados. Así, pues, por esta noche al menos, podemos dejar de lado las penas y las inquietudes que nos acosan y dar a nuestros hijos unas horas de bienestar en un mundo agitado por las tormentas. Por una sola noche, cada hogar en todo el ámbito del mundo anglosajón puede y debe ser una isla rutilante de dicha y de paz.

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