Lo Logrado no se Debía a un Solo Hombre, Amudsen


Extracto de `Polo Sur, relato de la expedición noruega a la Antártica del Fram´, 1910-1912, escrito por Roald Amudsen. En la fotografía, tomada el 14 de diciembre de 1911, la expedición liderada por el noruego, tras alcanzar el Polo Sur. El 17 de enero alcanzaría el polo el también francmasón, Robert Scott. 

El 14 de diciembre de 1911, cinco hombres llegaron al punto más austral del planeta, en el eje polar, clavaron la bandera de Noruega y bautizaron la región con el nombre de a quien gustosamente habían ofrecido sus vidas, el rey Haakon VII. De esta forma, el misterio fue desvelado para siempre, y uno de los secretos mejor guardado de nuestro planeta dejó de existir. Como fui uno de aquellos cinco hombres que, aquella tarde de diciembre, tomó parte en este descubrimiento, ha recaído sobre mí la tarea de contar todo lo sucedido: cómo alcanzamos el polo Sur. (…)

A las tres de la tarde un simultáneo ¡Alto! sonó desde todos los conductores. Habían examinado cuidadosamente los instrumentos de sus trineos y todos mostraban que habían recorrido la distancia total para alcanzar, según los cálculos, nuestro Polo. La meta se había cruzado, el viaje había terminado. No puedo decir, aunque sé que sonaría mucho más efectista, que había alcanzado el objetivo de mi vida. Eso sería demasiado romántico. Creo que es mejor ser honesto y admitir abiertamente que nunca he conocido a ningún hombre situado en una posición tan diametralmente opuesta a la meta de sus deseos como yo estaba en ese momento. Las regiones que circundan el Polo Norte, el propio Polo Norte, me habían atraído desde la infancia, y ahí estaba yo, en el Polo Sur. ¿Se puede imaginar algo más patas arriba? (…)

Después de detenernos nos reunimos y nos felicitamos mutuamente. Teníamos buenas razones para profesarnos respeto mutuo por lo que habíamos logrado, y creo que ese fue el sentimiento que se expresó en los firmes y poderosos apretones de manos que se intercambiaron. Después de esto procedimos al acto más grande y solemne de todo el viaje, la plantación de nuestra bandera. El orgullo y el afecto brilló en los cinco pares de ojos que miraban a la bandera, a medida que se desplegó con un fuerte chasquido, y se agitó sobre el Polo. Yo estaba decidido a que este acto, el acontecimiento histórico, se dividiera por igual entre todos nosotros. Lo logrtado no se debía a un solo hombre, sino a todos los que habían apostado sus vidas en la lucha, y se mantuvieron unidos en lo bueno y en lo malo. Esta era la única manera en la que pude mostrar mi gratitud a mis compañeros en este lugar desolado. Pude ver que entendieron y aceptaron mi gesto en el espíritu con el que les fue ofrecido. Cinco puños curtidos por el tiempo, mordidos por el hielo sostenían el poste, levantaron la bandera ondeando en el aire, y la plantaron como la primera del Polo Sur geográfico.

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