Extracto de Mi Autobiografía, escrita por Charles Chaplin.
Me acuerdo de una tarde en nuestra única habitación de la planta baja de la calle Oackley. Estaba yo en la cama convaleciente de unas fiebres. Sydney se había ido a la escuela nocturna y mi madre y yo estábamos solos. Ya casi anochecía y ella, sentada, leía de espaldas a la ventana, representando y explicando en su estilo inimitable el Nuevo Testamento, el amor y la piedad de Cristo por los párvulos. Acaso su emoción se debió a mi enfermedad, pero hizo la interpretación más luminosa e impresionante que jamás he visto u oído. Habló de su tolerante comprensión, de la mujer que había pecado, que iba a ser lapidada por el populacho, y de sus palabras: El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Leía entre dos luces, deteniéndose sólo para encender la lámpara. Luego me habló de la fe que Jesucristo inspiraba en los enfermos, quienes no tenían más que tocar sus vestiduras para quedar curados.
Me habló del odio y de la envidia de los Sumos Sacerdotes y de los fariseos y describió a Jesús y su prendimiento: su serena dignidad ante Poncio Pilqatro, quien, lavándose las manos, dijo (esto lo representaba ella teatralmente): No encuentro culpa alguna en este hombre.
Me contó como lo desnudaron y lo azotaron y como, colocando una corona de espinas en su cabeza, se burlaron de Él y lo escupieron diciendo: Salve, Rey de los Judíos.
Y al contarlo se le llenaban los ojos de lágrimas. Me contó que Simón le ayudó a llevar la cruz y que Cristo le dirigió una elocuente mirada de gratitud; me habló del ladrón arrepentido, muriendo con Él en la cruz y pidiendo perdón y que Jesún decía: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. Y desde la cruz miraba a su madre diciendo: Mujer, mira a tu hijo. Y exclamando en su agonía: ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Y los dos llorabamos.
- ¿No ves -dijo mi madre- que humano era Él? Como todos nosotros, Él también dudó. [...]
En aquella oscura habitación del sótano de la calle Oakley mi madre encendió en mí la luz más benigna que jamás conociera el mundo, la que ha dado a la literatura y al teatro sus temas más grandiosos y ricos: el amor, la compasión y la humanidad.
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