La Permanente Incitación a Trascender desde Nuestro Contorno al Radical Universo, Ortega y Gasset


Extracto de El Hombre y la Gente, que alberga la doctrina sociológica de Ortega y Gasset. El filósofo figura en numerosas listas de masones célebres, pero las pruebas sobre su pertenencia a la Orden no son claras. ¿Era Ortega realmente masón? Dejamos la respuesta abierta para el lector con extractos de este texto, que preparaba cuando murió.

El cielo azul no empieza por estar allá en lo alto tan quieto, y tan azul, tan impasible e indiferente hacia nosotros, sino que empieza originariamente por actuar sobre nosotros como un riquísimo repertorio de señales útiles para nuestra vida; es su función, su actividad, lo que nos hace atenderlo y, gracias a ello, verlo, en su papel activo de semáforo. Nos hace señales. Por lo pronto el cielo azul nos señala buen tiempo, y nos es el primer reloj diurno con el sol andariego que, como un laborioso y fiel empleado de la ciudad, como un servicio municipal, si bien, por caso raro, gratuito, hace cotidianamente su recorrido del Oriente al Ocaso; y nocturnamente las constelaciones que nos señalan las estaciones del año y los milenios -el calendario de Egipto se basa en los cambios milenarios de Sirio-, y, en fin, nos señalan las horas. Mas no para aquí su actividad señaladora, advertidora, sugeridora. [...]

Aparte de señalarnos el cielo todos esos cambios útiles -climas, horas, días, años, milenios-, útiles pero triviales, nos señala, por lo visto, con su nocturna presencia patética, donde tiemblan las estrellas, no se sabe por qué estremecidas, la existencia gigante del Universo, de sus leyes, de sus profundidades y la ausente presencia de alguien, de algún Ser prepotente que lo ha calculado, creado, ordenado, aderezado. [...]

En la bruna nocturnidad de un cielo limpio, el cielo lleno de estrellas nos hace guiños innumerables, parece querernos decir algo. Comprendemos muy bien a Reine cuando nos insinúa que las estrellas son pensamientos de oro que tiene la noche. Su parpadeo, a la vez, minúsculo en cada una e inmenso en la bóveda entera, nos es una permanente incitación a trascender desde el mundo que es nuestro contorno al radical Universo.

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