Extracto de las Memorias de Kipling, tituladas Algo de mi mismo, dedicadas `Para mis amigos conocidos y desconocidos´.
Nadie se atrevió a meterse conmigo una vez que, a los catorce años, empecé de pronto a estar fuerte. Yo tampoco me metía con nadie, no sé si por mi indolencia natural o por las experiencias que había sufrido. Por aquel entonces ya tenía dos amigos con los que, mediante un sistema de ayuda mutua muy bien organizado, pasé dos años de colegio protegido por principios de cooperación.
Nuestra unión [...] no recuerdo cómo empezó; pero lo cierto es que nuestra triple alianza era ya muy sólida antes de que tuviéramos trece años. Nos había fastidiado mucho un chico alto y fuerte que nos robaba lo que teníamos en nuestras pobres taquillas. Hasta que fuimos a por él, en una larga operación conjunta de acoso y derribo casi de verdad. Al final ganamos nosotros. Lo habíamos rodeado y aplastado como las abejas bloquean a la reina, y no volvió a molestarnos nunca. [...]
Discutíamos entre nosotros metódica y fielmente como esposos, pero cualquier deuda que tuviéramos con quien fuese era no menos fielmente pagada por los tres. Nuestra socialización de las oportunidades educativas nos permitió seguir a salvo en el colegio. [...] Le enseñé a Turkey lo poco de francés que llegó a saber y él a su vez nos enseñó a Stalky y a mí algo de latín. Mucho puede decirse en favor de este sistema, si se quiere que un niño aprenda algo: siempre recordará lo que le venga de un igual, mientras que las palabras del profesor se le olvidan.
Nuestra unión [...] no recuerdo cómo empezó; pero lo cierto es que nuestra triple alianza era ya muy sólida antes de que tuviéramos trece años. Nos había fastidiado mucho un chico alto y fuerte que nos robaba lo que teníamos en nuestras pobres taquillas. Hasta que fuimos a por él, en una larga operación conjunta de acoso y derribo casi de verdad. Al final ganamos nosotros. Lo habíamos rodeado y aplastado como las abejas bloquean a la reina, y no volvió a molestarnos nunca. [...]
Discutíamos entre nosotros metódica y fielmente como esposos, pero cualquier deuda que tuviéramos con quien fuese era no menos fielmente pagada por los tres. Nuestra socialización de las oportunidades educativas nos permitió seguir a salvo en el colegio. [...] Le enseñé a Turkey lo poco de francés que llegó a saber y él a su vez nos enseñó a Stalky y a mí algo de latín. Mucho puede decirse en favor de este sistema, si se quiere que un niño aprenda algo: siempre recordará lo que le venga de un igual, mientras que las palabras del profesor se le olvidan.

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