Extracto de las Memorias de Alcalá Galiano.
En 1817, la masonería española aún no estaba resuelta a obrar activa e inmediatamente contra el Gobierno. A ello iba, en verdad, pero con lento paso, con cautela, contando en su gremio hombres que querían detenerse tanto, que la detención equivalía a que darse en el camino, y aun no faltaban quienes, si bien en corto número, o deseasen o creyesen no pasar de la celebración de ritos ociosos. [...]
Las logias estaban, o disueltas, o faltas de poder y de esperanzas en toda la extensión de la Península. La de Granada, autoridad suprema de la orden o secta, estaba disuelta asimismo. [...] Varios de los hermanos habían sido presos. De los que así cayeron en poder del Gobierno, dio más cuidado que otros don Juan Van Halen. Este sujeto, famoso porque habiendo entrado al servicio de José Napoleón había vuelto al de su patria con un acto de singular atrevimiento y travesura, cual fue el de apoderarse de la firma del mariscal Suchet, y con órdenes supuestas poner en manos de los españoles fortalezas guarnecidas por los franceses. Caído en manos de la Inquisición, según fama, había podido comparecer ante la persona del rey y alcanzado lo que solicitaba. Decíase también que, sin negar su culpa, había aconsejado al monarca que se hiciese cabeza de la masonería.
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