Defensa de la Siesta, Churchill


Extracto de las Memorias de Churchill sobre la Segunda Guerra Mundial.

Me daba cuenta, por lo tanto, de que habría de poner en juego todas mis fuerzas físicas e intelectuales para mantenerme a tono con la generación que entonces estaba en el Poder y con nuevos y jóvenes gigantes que en cualquier momento podían aparecer. Para lograr esto confiaba tanto en mi experiencia como en mis energías mentales y en el celo extraordinario que pondría en cuanto hiciese.

A tal efecto puse otra vez en práctica un sistema de vida que las circunstancias me habían impuesto en 1914 y 1915 cuando estaba en el Almirantazgo y que entonces pude comprobar aumentaba en gran manera mi cotidiana capacidad de trabajo. Me acostaba por lo menos durante una hora todas las tardes en cuanto me era posible y explotaba hasta el máximo mi bienhadado don de conciliar casi inmediatamente un profundo sueño.

De esta manera, conseguía realizar en un día natural el trabajo de un día y medio. La naturaleza no ha dado al cuerpo humano reservas suficientes para trabajar desde las ocho de la mañana hasta medianoche sin que se le conceda el tónico de aquella deliciosa tregua de olvido que, aunque sólo dure veinte minutos basta para renovar todas las fuerzas vitales.

Me daba pena tener que mandarme a mí mismo a la cama todas las tardes como si fuese un chiquillo, pero hallaba siempre la recompensa al poder trabajar por la noche hasta las dos de la madrugada y aún hasta mas tarde - a veces mucho más tarde -, y empezar la nueva jornada entre ocho y nueve de la mañana.

Seguí esta norma durante toda la guerra, y la recomiendo a todos aquellos que por un largo espacio de tiempo necesiten extraer hasta la última gota de jugo de su estructura humana.

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